25 Mar
25Mar

Artículo del entrenador Willy Tisaire en la página web https://fabasket.com

Lo primero que quiero dejar claro es que mi intención no es hablar desde ningún pulpo, ni dar lecciones a nadie, ni servir de ejemplo, ni conquistar almas. Sólo soy un viejo entrenador de base con más de 30 años de experiencia y muchas de las cosas que comentaré pasan en mi entorno más cercano y pese a mis ideas, a veces por cobardía, por no tener problemas o porque no tienes claras las soluciones no las afrontas plenamente.

El baloncesto es un deporte con buen ambiente, pero no podemos relajarnos. He observado que en los últimos años ha crecido la crispación en el baloncesto base. Evidentemente estamos a años luz de otros deportes más problemáticos, que no hace falta nombrar, en los que continuamente se producen incidentes que en el baloncesto serían inimaginables. Creo que es obligación de todos preservar este ambiente de paz y concordia como regla general, exceptuando los escasos casos puntuales.

Como todo en la vida nadie es del todo inocente ni hay un único culpable. No me gustaría demonizar a los padres, ni todos son iguales ni se comportan de la misma manera. Creo que se puede educar a los padres y donde no llega el diálogo, deben estar las normas.

Ejerciendo una sana autocritica a los coordinadores y entrenadores no asumimos la parte educacional de nuestro trabajo, el control de las emociones tanto de niños como de padres, empezando porque a veces somos incapaces de controlar las propias. Debemos intervenir cuando los padres superan los límites de la educación deportiva y proponer un código de conducta que plantee derechos y obligaciones de padres, niños y entrenadores.

A veces se produce un tsunami de conductas que comienza en el comportamiento excesivo o violento del entrenador y se transmite al jugador y padres. El entrenador de base no es sólo un enseñante del baloncesto, es un educador que debe preocuparse del niño de forma integral desde los estudios, la actitud de los padres hacia el deporte y el comportamiento dentro y fuera de la pista.

Los padres no son públicos que pagan una entrada, en caso negativo, son un arma de destrucción masiva de ilusiones. Cuando su ejemplo es positivo, centuplica el buen trabajo de un formador.

La actitud del entrenador hacia los árbitros marcará también mucho la actuación que los padres también tendrán hacia ellos. Cuando observo a estos jóvenes árbitros picados por adultos hechos y derechos en muchos casos padres de hijos de semejante edad además de sentir una vergüenza ajena incontenible me pregunto dónde esta nuestra empatía, en la que rincón de la subjetividad la perdimos, qué ejemplo estamos dando a nuestros hijos, futuros padres. Porque nos perdonamos tan fácil nuestros errores y somos intransigentes con los de los demás. También es cierto que hablo de una minoría que siempre puede una mayoría silenciosa que se calla para evitar situaciones desagradables.

La actitud de los padres hacia el deporte de sus hijos es fundamental. Los ejemplos de la élite no son buenos, son excepciones, una Navidad, un Alonso, un Gasol es la suma de tantos componentes genéticos, familiares, sociales, culturales cuya repetición es imposible. Ni me gustan los padres que llevan tarde a sus hijos a los partidos o fallan al partido cuando hace frío o no les apetece ir, sin transmitir a sus hijos la palabra compromiso, como aquellos que se obsesionan con el partido, el resultado, llevarle la bebida isotónica al banquillo, los minutos que juegan, se acercan al descanso a dar hacia casa las críticas a sus hijos.

Fo

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